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Masonería en la Luna

La llegada de la misión Artemis II a la Tierra tras habernos mostrado la Cara Oculta de la Luna (The Dark Side of the Moon) como cantaba el mítico grupo inglés Pink Floyd -en cuya caratula por cierto hay una explícita simbología masónica- es «otro gran paso para la Humanidad», tal como pronució por Neil Armstrong en 1969 tras alunizar con el Apolo 11.

En aquella misión de la NASA viajaba un astronauta masón, Buzz Aldrin que llevó consigo un estandarte del Rito Escocés Antiguo y Aceptado como parte de sus objetos personales de misión. No fue desplegado en la superficie lunar, pero su presencia está documentada y certificada por instituciones masónicas. De hecho, se puede ver el estandarte en un museo masónico de EE.UU.

La tierra vista desde Artemisa II al otro lado de la luna

La nave Orión ha llegado donde nunca antes el ser humano lo había hecho, batiendo el récord del Apolo XIII. Su proyecto, además, aunque tutelado por la NASA, ha sido una muestra de la fraternidad entre distintas personas, tal como propugna nuestra Orden. Por primera vez viajaban juntos astronautas de varias procedencias, razas y géneros. Porque no hay diferencias en la inmensidad del espacio, ni nacionales, ni raciales ni sexuales. Como tampoco las hay en la práctica de la masonería que realizamos en la logia Unión Sincera del Cierzo al Oriente de Zaragoza. Una logia masónica adogmática y laica, donde la procedencia, las creencias o las particularidades de las personas no cuentan.

Esta hazaña interestelar lejos de la propaganda, encierra un simbolismo profundo: la voluntad de trascender los límites, de elevar el conocimiento humano y de iluminar lo desconocido. Al igual que aquella expedición de 1969 y otras promovidas por la Unión Soviética, Artemisa II proyecta hacia el espacio una herencia intelectual basada en la razón, el progreso y la búsqueda del conocimiento.

Hoy, el programa Artemisa II marca el regreso de la Humanidad a la Luna. Y aunque los símbolos visibles hayan quedado atrás, los valores permanecen: ciencia, progreso y búsqueda de la luz.

Porque, al final, tanto en la masonería como en la exploración espacial, la pregunta sigue vigente:

¿Hasta dónde somos capaces de llegar cuando trabajamos por algo más grande que nosotros mismos?

Las mismas cuestiones en las que trabajamos en los talleres como en el de Zaragoza y al que te animamos a descubrir si te consideras una persona buscadora de la Verdad en el insondable espacio de la existencia humana.

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